Desearía decirte que no hay ninguna vida que sea nuestra por entero, ni nigun camino cierto.
Que al final casi nada importa.
Que cuando nos sentamos frente al abismo y miramos hacia atrás sólo se percibe entre las sombras el amor recibido de quien nos quiso de verdad.
Que cualquier camino es bueno si sirve para preservar ese sentimiento absoluto, el único por el que merece la pena vivir y morir.
Quizá te habría ayudado escuchar mis palabras, quizá no debí callar.
Lamento tener que guardarme todo aquello que desearía decirte, gritarte, hacerte grabar en la memoria.
Pero aquel no era el momento. Aquella noche cuando nos perdimos y nos volvimos a encontrar.
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